La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) gestionó en secreto la liberación del gendarme Nahuel Gallo de una cárcel venezolana, dejando al gobierno argentino completamente descolocado y sin conocimiento de las negociaciones paralelas.
Gallos llegó a Argentina en un avión privado de la AFA, escoltado por colaboradores cercanos como Luciano Nakis y Fernando Isla Cázarez, tras 448 días preso en el penal Rodeo 1 bajo el régimen de Nicolás Maduro. Se reencontró emotivamente con su familia en el Centro Asistencial de Gendarmería en el edificio Sentinela.
El gobierno nacional, representado por la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva y la exministra Patricia Bullrich, admitió no estar al tanto. Las gestiones oficiales se hicieron vía Italia y Estados Unidos, pero la AFA negoció directamente con la Federación Venezolana de Fútbol y su presidente Jorge Jiménez Ochoa.
Ahora Gallo se somete a chequeos médicos y psicológicos tras una huelga de hambre y malas condiciones de encierro. El presidente Javier Milei no se pronunció ni dio la bienvenida, en medio de críticas por la ausencia diplomática con Venezuela.
La maniobra se realizó estratégicamente antes de la Asamblea Legislativa, humillando al gobierno en un contexto de paro de fútbol y tensiones políticas con Caracas.