Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán que mataron al líder supremo Ali Khamenei y al jefe de la Guardia Revolucionaria, con el objetivo de descabezar la cúpula del régimen teocrático y provocar una revolución interna sin necesidad de ocupación militar directa.
En respuesta, Irán disparó más de 200 misiles contra Tel Aviv y bases estadounidenses en Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, estrangulando potencialmente el Estrecho de Hormuz y afectando los precios del petróleo, lo que lleva a asegurar reservas venezolanas para estabilizar los mercados.
Los analistas elogian la estrategia brillante de Donald Trump, que genera apoyo social en EE.UU. e Israel bajo Benjamin Netanyahu, evita costos de ocupación histórica y destruye la Liga Árabe como actor, mientras impacta la Ruta de la Seda en Irán, clave para China.
Sin reacciones de aliados iraníes como Hezbolá en Líbano, Franja de Gaza o Somalilandia, y con Vladimir Putin y China observando, Irán guarda su arma principal: ciberataques, en una guerra asimétrica de reservas militares preparadas hace décadas.
El conflicto involucra tensiones suní-chií, protestas en Pakistán por muerte de jefe talibán, y transiciones geopolíticas violentas del unipolarismo al multipolarismo, con riesgos nucleares y económicos globales.