Los fieles y televidentes recitaron el Credo profesando fe en Dios Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo, recordando la pasión, muerte, resurrección y segunda venida de Cristo, según el contexto previo de la liturgia eucarística en la Misa cuaresmal.
El sacerdote continuó con la doxología y la consagración, invocando al Espíritu Santo para transformar los dones en el cuerpo y sangre de Cristo, recordando las palabras de Jesús en la Última Cena: "Tomen y coman todos de él, porque esto es mi cuerpo" y "Tomen y beban todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre". Pidió unidad a la Iglesia y misericordia para los difuntos.
Se rezó el Padre Nuestro, se intercambió la paz y se presentó el Cordero de Dios. Durante la comunión, se escucharon cantos como "Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo". En la postcomunión, el sacerdote agradeció y recordó los 800 años de la muerte de San Francisco de Asís, cuya vida fue puro evangelio y transfiguración en Cristo.
Se invocó a San Francisco para que las vidas de los fieles sean luz y testimonio. Todos rezaron la Oración de la Paz de San Francisco: "Señor, haz de mí un instrumento de tu paz", pidiendo amor donde hay odio, perdón donde ofensa, y así sucesivamente. El sacerdote impartió la bendición trinitaria y concluyó la Misa.
La Santa Misa cuaresmal fue presidida por Monseñor Jorge García Cuerva, Arzobispo de Buenos Aires, desde la Catedral Metropolitana.