Fernando realiza una prueba en vivo de un vehículo autónomo Jaguar sin chofer en San Francisco, pedido por app, equipado con 29 cámaras y sensores para navegar calles.
El auto respeta semáforos, velocidades de 18 km/h, pone guiños al doblar, ajusta temperatura y música vía pantalla, y cuesta 20% más que Uber para un viaje de 12 minutos a unos 12 dólares.
Incluye cinturones obligatorios por asiento, detecta peso para seguridad, mantiene distancias prudentes y prefiere giros derechos múltiples antes que izquierdas riesgosas.
Viaja en carriles normales como cualquier auto, sin privilegios, en una prueba de 5 años que se popularizó como experiencia turística para hasta 4 pasajeros.
El vehículo se mueve suavemente por avenidas hacia el embarcadero, interactuando con tráfico real.