Emilio Satriano ganó la carrera en Lobos por delante de Pato Morreci y Santiago Castellano, consolidando su racha con el auto afinado por su hermano Pablo y el apoyo de la hinchada.
En un final dramático, la rotura del motor de Castellano (el Pincho) le permitió a Satriano tomar ventaja clave, mientras Mouras lideraba pero problemas lo frenaban; luego en Bahía Blanca y Tandil, Satriano sumó victorias consecutivas, levantando el pie en la última para asegurar puntos sin riesgos.
Bandera roja por accidente de hermanos Suárez interrumpió la final, pero Satriano mantuvo la diferencia y se coronó campeón del Turismo Carretera 1991, dedicando el título a su equipo, patrocinadores y la multitud de Chivilcoy que lo recibió con 10.000 personas en la avenida Mitre.
Considerado leyenda e ídolo de Chevrolet, Satriano emocionó a grandes y chicos, abrazado por un señor de 70 años en lágrimas; su pasión por el automovilismo lo definió, sacrificando mucho por la categoría máxima reconocida por el público.
El Obispo de Chivilcoy entra al Museo de las Leyendas tras 20 años fiel a la marca y cuatro victorias al hilo.