Irán respondió al bombardeo que mató a Ali Khamenei con drones y misiles contra hoteles en Dubái, Qatar y Bahréin, impactando el Burj Al Arab, el único hotel de 7 estrellas del mundo, con una explosión que recuerda al atentado a las Torres Gemelas al ingresar por un piso alto.
Los ataques iraníes apuntaron a líderes militares estadounidenses alojados en esos hoteles fuera de bases, demostrando precisión quirúrgica similar a la usada por Israel contra científicos nucleares iraníes el año pasado. Ambos bandos ignoraron civiles, con hoteles llenos de pasajeros y empleados afectados, y previamente Israel bombardeó una escuela cerca de una base en Teherán matando 118 niños.
El presidente Javier Milei ordenó reforzar la seguridad de la embajada israelí en Argentina ante la tensión global, mientras Donald Trump anunció que los bombardeos continuarán hasta ser necesarios. Irán activó su cadena de sucesión para líderes muertos, con herederos preparados, pero persisten dudas sobre su estabilidad interna y posible agitación callejera impulsada por infiltrados del Mossad o CIA.
Estados Unidos busca destruir instalaciones de uranio enriquecido suficiente para varias bombas atómicas y tecnología de misiles de largo alcance en Irán. Además, misiles iraníes atacaron el aeropuerto de Qatar, poniendo en riesgo la Finalísima entre Argentina y España en el Estadio Lusail, la Fórmula 1 en Dubái y Qatar, y el Mundial 2026 en EE.UU., México y Canadá, con debates sobre cambios de sede y seguridad para equipos como el de Irán.
El panel advirtió sobre posibles represalias terroristas en eventos deportivos, recordando atentados pasados, y enfatizó la necesidad de inteligencia y seguridad robusta en sedes como Estados Unidos.