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Casa de Horacio Quiroga en selva misionera funciona como museo

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Horacio Quiroga compró 158 hectáreas en Misiones en 1906 junto a Vicente Gonzalvo para cultivar cítricos y yerba mate, actuó como juez de paz y construyó una casa de madera donde nacieron sus hijos Egle en 1910 y Darío. Su esposa Ana María, triste por la vida salvaje, se suicidó con veneno tras tres días de agonía.

Quiroga reformó la casa en piedra blanca con ventanas al río Paraná, pero tras la muerte de Ana María regresó a Buenos Aires con los niños. Allí publicó su éxito Cuentos de amor, de locura y de muerte, obra maestra que lo posicionó como líder del relato breve latinoamericano, y relatos selváticos como Anaconda y La guerra de los yacarés.

En 1926 se casó con María Elena Bravo, volvió a la selva, pero ella lo abandonó en 1935 llevándose a su hija Pitoca ante su enfermedad. Diagnosticado con cáncer de próstata avanzado en 1937, se suicidó con cianuro en Buenos Aires.

Hoy su casa en San Ignacio, donde vivió historias trágicas similares a sus cuentos, es un museo que conserva la memoria de su obra.