En Bruselas, voluntarios como un jubilado belga y una ucraniana de Kharkiv ensamblan drones destinados al frente ucraniano en talleres secretos para evitar espionaje.
Un antiguo ingeniero electrónico y estudiantes de informática aprenden a soldar y programar los aparatos, financiados por donaciones privadas con componentes de China, motivados por salvar vidas y apoyar a Ucrania ante la guerra rusa.
La iniciativa, fundada por el exsoldado lituano Bartolomé Ustraquinas, critica la falta de producción europea de drones y busca despertar la industria; la UE ha dado 70 mil millones de euros en ayuda militar desde 2022.
Talleres simultáneos ocurren en Luxemburgo y Alemania, con un piloto ucraniano agradeciendo el apoyo pese al descenso en la ayuda; los voluntarios prueban los drones al final.