Raquel Sartre agradece la inspiración de su hermana Pinky, a quien describe como una institución de los medios argentinos por su versatilidad frente a cámaras, micrófonos y teatros.
Raquel cuenta que conoció a Pinky como estrella cuando era niña de 5 o 6 años, viéndola en televisión y acompañándola a los canales.
Pinky inició su carrera como modelo en comerciales de vinagre y pasó a cámara por su clara dicción y tono de voz, profesionalizándose rápidamente.
Se muestra un clip histórico donde Pinky anuncia el adiós a la televisión en blanco y negro y la llegada de la TV en color.
Raquel revela que una hermana intermedia, Noemí, peinadora y maquilladora, la impulsó a castings y la motivó en su carrera de modelo.