Los presos de cárceles bonaerenses, como miembros de la banda del millón, continúan delinquiendo con celulares autorizados por el Servicio Penitenciario Bonaerense, transfiriendo botines de robos directamente desde sus celdas.
Lucas Mereles, detenido por robo a la casa de la influencer Paola Galeano, envía el dinero robado a su novia Estefanía vía alias bancarios, quien al principio se niega pero luego acepta una parte por deudas pendientes y lo reenvía a otros cómplices.
En chats extraídos del celular, Estefanía confiesa haber recibido plata de un 'rancho' (casa de alto standing) en San Isidro, llora por temor a allanamientos y corte de vínculos, mientras Mereles sigue coordinando delitos pese a estar preso.
Las lujosas celdas con LED, streaming, consolas y pintadas como barrios privados contrastan con ranchas infrahumanas pasadas, pero facilitan extorsiones a guardias y home office criminal, política heredada de la era COVID sin restricciones.
Los panelistas debaten si las buenas condiciones son aceptables siempre que no delinquir, pero coinciden en que celulares son computadoras que permiten todo, desde ventas de armas hasta más robos.