Los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán buscan frenar el programa nuclear iraní, que Israel considera una amenaza existencial, y limitar la influencia del régimen en la región, incluyendo debilitar a grupos como Hamas y Hezbollah.
Irán respondió amenazando con una represalia decidida contra agresores, extendiendo el conflicto a bases estadounidenses en Kuwait, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, mientras analistas piden mesura ante esta nueva etapa de la guerra por el control del Medio Oriente.
Israel insta a sus ciudadanos en Tel Aviv, Jerusalén y Haifa a extremar precauciones ante sirenas y posibles atentados iraníes en el extranjero contra objetivos israelíes y judíos, en un contexto que incluye el financiamiento iraní a Hamas desde el 7 de octubre.
La Cancillería iraní afirma estar preparada y haber hecho todo por evitar la guerra, recordando la anterior "guerra de los 12 días" en 2025, donde EE.UU. intervino tardíamente; ahora participa desde el inicio, fortaleciendo el liderazgo de Benjamín Netanyahu.
El conflicto envía mensajes geopolíticos a países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Turquía y Egipto, con espacios aéreos cerrados en toda la región y vuelos cancelados globalmente.