Los corazones humanos enfrentan la prueba de los celos, que generan inquietud al cuestionar por qué otros reciben bendiciones y no uno mismo.
Sentir celos equivale a rechazar la sabiduría de Allah, implicando que la otra persona no merece esa gracia, lo que revela debilidad en el carácter y falta de confianza en Dios.
Los celos eliminan la alegría y provocan ansiedades; en cambio, se debe agradecer las propias bendiciones comparándose con los menos afortunados.
El profeta Muhammad alertó que los celos destruyen las buenas obras igual que el fuego quema la madera, y el Corán protege del mal del envidioso.
Este mundo temporal no vale nada ante Allah, que ni daría agua a un incrédulo si no valiera el ala de un mosquito.