Representantes judíos argentinos celebraron la muerte del líder supremo iraní Ali Khamenei, eliminado por Estados Unidos e Israel, y lo vincularon directamente al atentado de la AMIA con 85 muertos, financiado por grupos terroristas como Hezbollah y Hamas que él apoyaba para destruir Israel y a los judíos.
Donald Trump confirmó en X la muerte de Khamenei, a quien llamó "una de las personas más diabólicas en la historia", destacando que no pudo evadir la inteligencia de Estados Unidos e Israel. Irán no lo confirmó aún y no hay fotos recientes de él vivo, en medio de una batalla informativa. Expertos explicaron que el régimen iraní, con la Guardia Revolucionaria controlando militares, economía y religión, mantiene odio profundo hacia Israel y Estados Unidos, infiltrado en todos los estamentos.
La Guardia Revolucionaria maneja proxies como Hezbollah, Hamas, Hutíes y la Fuerza Quds, activos pese a debilitados. Ante el rechazo argentino a la Fuerza Quds, el gobierno de Javier Milei elevó la seguridad al máximo: despliegue inédito para el traslado del presidente desde Olivos al Congreso, alertas en fronteras y alineación total de inteligencia con el Pentágono, vía Nicolás Posse y Silvestre Sbigri.
Israel enfrenta amenaza misilística iraní de hasta 2.200 km, como en la guerra de los 12 días, pero con apoyo masivo de la Fuerza Aérea estadounidense para interceptar. No se esperan invasiones terrestres ni grandes atentados pronto, aunque el régimen podría degradarse sin caer, con mentalidad de venganza a largo plazo en una cultura no occidental.
El panel advirtió que ataques aéreos dañarán al régimen pero no lo cambiarán solo; podría unir a iraníes contra Occidente y requerir vigilancia sostenida. Milei apoyó públicamente la operación en la región.