Andrea del Boca, la reina de las telenovelas, ingresó hace 48 horas a la casa de Gran Hermano y ya genera revuelo al acariciar un almohadón como si fuera su hija o un perro, mientras mira hacia los tachos de luz recordando el último estudio donde grabó con el padre de alguien del panel.
Los panelistas comentan con humor que en dos días ya extraña tanto a su familia que no habla con sus hijos pese a vivir con ellos, y bromean que pronto hablará con el tóxido o el papá. Destacan que lo primero que chequean los participantes es si sale agua de la canilla, como alquilando primera casa, y exploran pileta y jardín con sorpresa, pese a que el programa tiene 40 años.
Critican el diseño de la casa con colores estridentes como cárcel, dorados que dañan la retina y heavy metal constante para enloquecerlos, según decoradores. Comparan con la Casa de Brasil y el confesionario turquesa con LEDs carcelarios, sin celulares ni colores pasteles relajantes.