Sandra Mihanovich confiesa el vértigo y miedo que sintió al inicio de su carrera actoral por su sexualidad. Alejandro la animó a actuar en la casa de Andrés Percivales, pero ella temía que se notara su orientación sexual en esa época complicada. Aprendió primero a aceptarse, entendiendo que ser gay no era malo y que el objetivo era ser feliz.
Explica cómo encontró en la música una forma privilegiada de expresar su identidad, citando su canción "Yo soy lo que soy". La música actuó como resistencia, declaración de libertades y catarsis sanadora, abriendo puertas para otros que se sentían solos al ver que no eran los únicos.
Recuerda su familia musical, desde el sótano del abuelo en Montevideo donde ensayaban con Pepito Cibrián, hasta videos de los 80 con tíos Sonia y Sergio, primos Maxi y Nadia en programas de Badía. Evoca recitales en Auditorio Belgrano pre-democracia y Obras Sanitarias, impulsados por la prohibición de música en inglés en 1982.
Destaca colaboraciones con músicos como Negro Rada, Alejandro Lerner y Pinto, y la comunidad de featuring actual que mezcla géneros. Habla de su grupo de amigas cantantes, Lucía Galán, Patricia Sosa, Elena Roche y Marilena Ross, con quien se reúne regularmente desde cantar juntas en Las Elegidas en el Colón, aclarando que nadie fue expulsada del grupo.
Menciona el cariño heredado de su madre Mónica Mihanovich, a quien aplauden espontáneamente, y la emoción post-pandemia de los encuentros, con teatros llenos y gente en las calles como en Corrientes o el Planetario.