La policía rodeó inicialmente a unos 40 militantes de izquierda, mayoritariamente del PTS, en Cerrito cerca de Rivadavia tras usar balas de goma, gases lacrimógenos y armas eléctricas contra manifestantes que avanzaban desde el Obelisco por la 9 de Julio hacia el Congreso.
Los grupos se dividieron y avanzaron por Avenida de Mayo, donde la policía cortó totalmente el tránsito para evitar piquetes, aunque los manifestantes caminaban por vereda. Legisladores como Nicolás del Caño y Miriam Bregman negociaron con oficiales para permitir la marcha pacífica, mencionando reclamos por despidos en FATE e ILVA contra la reforma laboral.
En Plaza del Congreso, el lugar está blindado con vallas, prefectura, gendarmería y Policía Federal con hidrantes listos, siguiendo el protocolo antipiquete ordenado por la ministra Alejandra Monteoliva. Periodistas cuestionaron la represión inicial como innecesaria, destacando que los trabajadores buscan visibilizar su drama sin bloquear mayormente.
La tensión bajó temporalmente, pero persiste con cortes totales en Av. de Mayo y accesos al Congreso; se espera llegada masiva de izquierda, sindicatos combativos y La Cámpora exigiendo paro de 36 horas a la CGT, que no participa.