Paula Berlini reporta desde Plaza del Congreso que unos 100 o 150 manifestantes autoconvocados, sin banderas ni organizaciones, se acercan a las vallas para insultar a la policía, patearlas y arrojar botellas plásticas vacías y palos.
La periodista describe un ritual de provocación: pocos grupos de dos o tres fomentan violencia, con caras tapadas o cascos, mientras la policía triplica en número y no reacciona a insultos pero vigila intentos de derribar vallas; el camión hidrante se activa ante acercamientos.
Consignas variadas como "Ni una menos", "Cristina Libre", fondos para universidades o discapacitados no coinciden con el debate en el Senado sobre régimen penal juvenil y reforma laboral, que se prevé aprobarán.
Berlini enfatiza que son pocos revoltosos buscando reacción policial, reavivando fuego cerca de vallas, lo que obliga a periodistas a mantenerse alejados para no excitarlos; la tensión persiste aunque no es masiva.
En el estudio, concluyen que provocan deliberadamente pese a saber que las leyes saldrán, con calma tensa y dispersión tras intervenciones del hidrante.