Pablo Heredia relata su participación en la primera edición de Gran Hermano en 2001, donde permaneció 84 días encerrado como favorito para ganar, pero decidió salir voluntariamente por sentirse asfixiado en la convivencia con pocos participantes y generar una neurosis colectiva enfocada en el premio y la fama.
Explica que Marcos Gorbán lo convenció de quedarse argumentando que podía ganar, pero él priorizó su salud mental sobre los 200 mil dólares del premio. Desmiente el mito de treparse al techo y detalla su angustia amplificada por el encierro sin smartphones, emociones potenciadas y falta de privacidad constante, lo que lo llevó a un fuerte ataque de ansiedad.
Tras salir, se sintió querido por el público, su fama explotó y multiplicó sus ingresos como bailarín de shows brasileños, aunque denuncia manej os raros y manipulación de la producción para retenerlo. Cris Morena le dio una oportunidad actoral que lo ayudó a reenfocarse, pese a la fama efímera sin estabilidad económica inicial.
Critica el estigma de brote psicótico que le adjudicaron medios como Jorge Rial, cuando un psiquiatra diagnosticó solo ansiedad por frustración al no poder irse; la edición distorsionaba sus palabras espirituales. Lamenta que hoy los participantes actúen para cámaras, perdiendo la genuinidad de su edición.
Reconoce problemas en su romance con Alejandra Martínez por su intensidad emocional y encontró consuelo en la amistad con Silvina, pero necesitaba un contenedor familiar que la casa no proveía, cambiando su personalidad para no mostrar vulnerabilidad.