Manifestantes, en su mayoría del MAS y trabajadores de Fate, tomaron el Ramal Tigre de la Panamericana sentido Capital Federal a la altura de Uruguay, con muchas caras tapadas, capuchas y antiparras, mostrando mayor beligerancia que en la protesta anterior. Colocan gomas en la calzada y generan peligro para los autos que circulan a alta velocidad, mientras Gendarmería despliega infantería, móviles y caballería para negociar y preparar desalojo.
Un delegado de los ex trabajadores de Fate explicó en vivo que vinieron en delegación para no vaciar la planta en alerta, con conciliación obligatoria vigente que la empresa ignora. Pidió la estatización de la fábrica, que genera ganancias sin pérdidas justificadas por Madanes, y criticó indirectamente al gobierno por la reforma laboral que podría reabrirla sin sus puestos. Mencionó apoyo de CGT, izquierda, docentes y repartidores de Citrarrepa, además de la lista marrón en el gremio.
La cobertura aérea y en tierra muestra un carril habilitado pero insuficiente, con congestión de 1200 metros en hora pico. Gendarmería forma cordones para desviar tránsito y evitar explosividad, con posturas más confrontativas que antes: manifestantes enojados y menos numerosos pero más preparados, policía lista para corte total y desalojo, sin avances por ahora.
Periodistas destacan el riesgo de catástrofe por frenadas bruscas y sugieren desvíos por Ruta 202, aunque complicados. Comparan con protesta previa donde se fueron solos tras horas; hoy hay montada esperando órdenes, sin liberaciones de carriles amplias.