En el velorio tumbero del delincuente de 14 años abatido en Moreno, conocido como Alejo, los vecinos colocaron dos armas de fuego, anillos de oro, cadenas y relojes sobre el cajón, mientras publicaban imágenes en redes con mensajes como "Te robaste el cielo, guachín" y videos emotivos despidiéndolo como "re persona". Durante el cortejo, una caravana disparó al menos siete armas hacia el cielo en su honor. La policía identificó las armas y el barrio entero participó, con entre 200 y 300 personas, incluyendo mujeres y niños, avalando el acto.
El panel de "Duro de callar" discute la trayectoria del pibe, quien ya tenía un rango importante en la delincuencia, robaba con arma y era entrenado por bandas como un semillero. Critican el contexto del barrio, donde todos eligen el delito, y rechazan la idea de que los menores no eligen robar, citando casos de padres docentes que dieron todo pero los hijos prefirieron juntadas delictivas para integrarse.
La tía del chico sabía que era criminal, pero llora igual, y el barrio echó a periodistas e intentó incendiar la comisaría. Hablan de policía temerosa ante 8 móviles, falta de decisión política, y proponen bajar imputabilidad para demorar el delito, aunque admiten que el contexto social persiste. Comparan con México, alertando que Argentina será peor por marginales imprevisibles que matan por motos.
Pablo de la Mamorra, conectado en vivo, describe el velorio como despedida delictiva naturalizada, con robos grabados en redes y extorsiones desde cárceles. Identifica las armas en el cajón como una 9mm y una .380, calibres policiales (la 380 para efectivos femeninos), fáciles de conseguir en mercado negro abastecido.
El debate califica la situación de "tsunami delictivo", imposible de parar por policía desbordada, con barrios que tiran piedras a comisarías y defienden a criminales. Critican valores perdidos y crisis económica que empeora todo.