La invasión rusa a Ucrania cumple cuatro años con cuatro millones de desplazados internos, muchos del Donbass que llegan a centros de tránsito para registrarse y descansar antes de buscar alojamiento temporal.
Familias como la de Dasha de Sloviansk huyen por segunda vez tras bombardeos que destruyeron su casa, pese a compensaciones estatales; ahora temen volver por el terror constante y carecen de documentos para reclamos. Nina perdió a su hijo en un ataque y vive en limbo con su familia en residencias estudiantiles renovadas por la Cruz Roja Ucraniana y la Agencia de Migración de la ONU cerca de Kiev.
Proyectos como el pueblo financiado por el multimillonario estadounidense Del Loy Hansen ofrecen vivienda gratuita para 2.000 personas por 5 años, completo con escuela y clínica, aunque la demanda excede la oferta. La familia Visotsky, cuyo pueblo en Gerson cayó el primer día de la invasión, se mudó allí tras escapar de ocupación rusa con expulsiones violentas y la inundación de la presa de Kayovka.
Leonid Visotsky trabajó en la construcción como plomero y espera formar una comunidad solidaria de desplazados unidos por el trauma a lo largo de los mil kilómetros de frente.