Se cumplen cuatro años de la invasión rusa a Ucrania el 24 de mayo, dejando cuatro millones de desplazados internos en el país, muchos evacuados del Donbass que llegan a centros de tránsito para registrarse y descansar.
Refugiados como una familia de Sloviansk (región de Donetsk) huyen por segunda vez tras bombardeos que destruyeron su casa, pese a reparaciones con compensación estatal; ahora temen volver por el terror constante.
Al menos medio millón se alojan temporalmente en residencias estudiantiles en Kiev, renovadas por Cruz Roja Ucraniana y Agencia de Migración de la ONU, con calefacción pese a cortes de luz por ataques rusos; comparten cocinas para ocho personas.
Madres como Nina del Donbass viajan largo trayecto con hijos y madre, perdieron documentos en pánico por explosiones que aterrorizaron a sus niños pequeños; reclaman compensaciones sin papeles y enfrentan burocracia para avanzar.
Decenas de miles permanecen en alojamientos temporales sin resolver su futuro, sumidos en viajes repetidos y pérdidas familiares.