Los dueños de corralones en Argentina enfrentan clientes difíciles, especialmente los dueños de obra que llegan sin medidas precisas, dudan en las primeras preguntas y cambian pedidos constantes, creyendo que todo se entrega rápido como una pizza.
Miguel Ángel Roldán, con 46 años en el rubro, destaca que el peor cliente es el dueño directo, más que albañiles o arquitectos, y enfatiza el sacrificio personal: hay que abrir y cerrar el negocio diariamente, invertir mucho capital en equipamiento y dedicarle horas extras.
Desaconseja dedicarse a corralones por los vaivenes económicos ligados a la construcción del país, aunque percibe una leve mejora y optimismo para 2026 y 2027. El cemento es el producto indicador clave de la actividad, seguido de materiales para refacciones menores como arena y ladrillos.
Ahora hay más mujeres en el sector, a diferencia del pasado dominado por abuelos y padres; Roldán cuenta que su hija María Emilia y su esposa Cecilia lo acompañan activamente.