Un equipo de INTA y CONICET demostró que el mejoramiento genético permite obtener alfalfas más robustas y tolerantes al encharcamiento mediante selección fenotípica recurrente.
El rendimiento de la alfalfa se reduce en suelos saturados de agua porque se afecta el desarrollo radicular. La tolerancia a hipoxia es clave para suelos con mal drenaje, y partieron de materiales como Traful PB INTA y Limay PB INTA.
En condiciones controladas que simulan anegamiento, seleccionaron sistemáticamente el 10% de plantas con mejor respuesta. Tras tres ciclos, las poblaciones mostraron aumentos significativos en biomasa aérea y radicular respecto al material original.
Usaron hidroponía para reducir oxígeno y reproducir condiciones de suelos anegados. Este avance confirma variabilidad genética aprovechable y sostiene la producción forrajera en ambientes limitados.