La isla de Cuba atraviesa una crisis energética histórica que deja al 51,8% de su territorio sin electricidad, profundizada desde mediados de 2024 por el asedio petrolero del gobierno de Estados Unidos.
Los cubanos deben sacar turnos para cargar combustible, que se paga en dólares y se ha convertido en un bien de lujo al que acceden principalmente mediante remesas de familiares en el exterior o trabajos en turismo, sector que se desplomó por la situación general.
Esta escasez afecta gravemente la atención médica, donde las cirugías casi no se realizan y solo se atienden emergencias mínimas por falta de medios, agravando la situación humanitaria.
Estados Unidos decidió permitir que Venezuela venda petróleo a Cuba para paliar la crisis, que también impacta en la falta de energía para centrales eléctricas.