Salnyk trabajaba como voluntario en la zona de Gersón, al sur de Ucrania aún parcialmente bajo control ruso, y asistía a quienes no querían abandonar la ciudad ocupada. Decía que se quedaba porque si todos se iban no quedaría nadie, rechazando opciones para irse a Kiev o salir del país.
El fundador del bunker, Enolence o Lenz, conocía personalmente a las víctimas y solía conducir la furgoneta. Él insistió en traer el vehículo a Berlín para mostrarlo como prueba de un crimen de guerra, junto a otras armas como drones baratos de 300 euros similares a los de AliExpress, misiles de crucero de 7,5 metros y Supercam de 3,5 metros.