Qué bendición tener a Dios como refugio en situaciones complicadas, difíciles, pesadas o tristes. El apóstol Pablo en 2 Corintios relata: "Cuando llegamos a Macedonia, no hubo descanso para nosotros. Enfrentamos conflictos por todos lados, con batallas por fuera y temores por dentro". Todos enfrentamos conflictos, pero la confianza en Dios trae paz.
Las batallas internas como temores, ansiedad y depresión afectan a millones. El problema no es la tormenta externa, sino el espíritu de temor que intenta apoderarse. Jesús dijo: "En el mundo tendréis aflicción, pero confíen, yo he vencido al mundo". La clave es confiar en Dios para vencer preocupaciones y estrés.
El rey David, un adorador con corazón agradable a Dios, no temía ejércitos ni gigantes. En Salmo 34: "Oré al Señor y él me respondió y me libró de todos mis temores". Salmo 112: Los justos no temen malas noticias, confían en el Señor. En Salmo 27: "El Señor es mi luz y mi salvación, ¿por qué habría de temer?".
El secreto de David: "Lo único que le pido al Señor es vivir en la casa del Señor todos los días de mi vida, deleitándome en su presencia". No basta declarar versos; hay que habitar en la presencia de Dios, el abrigo del Altísimo, como en Salmo 91. Fuimos hechos para vivir en esa atmósfera, no en sustitutos vacíos como drogas o excesos.