La familia bendecida inicia con hombre o mujer que honra al Señor y obedece sus mandamientos, según Salmo 112. Dios bendijo a Adán y Eva, salvó familias como la de Noé y Abraham. Ejemplos bíblicos incluyen a Zaqueo, cuya casa recibió salvación; las parteras que honraron a Dios y prosperaron; Lidia y su casa bautizada; y Cornelio, quien obedeció al ángel, llamó a Pedro y toda su familia fue llena del Espíritu Santo y salva.
El pastor enfatiza que un hombre o mujer decide poner a Dios primero, cambia el destino familiar. Contrasta casas: Abinadab tuvo el arca por años sin bendición por familiaridad y falta de honra; Obed-Edón la recibió tres meses con reverencia y fue enormemente bendecido, con descendientes sirviendo en el templo por generaciones.
Salmo 112 promete ocho bendiciones: descendencia próspera, riquezas perdurables, hogar lleno de luz. Dios se manifiesta donde lo honran con respeto, no familiaridad. Jesús visitó casas que lo trataron bien como la de Marta, María y Lázaro, no la de Simón.
Exhorta a crear ambiente de honra: "Dios va donde lo invitan, pero se queda donde lo honran". Anuncia oración modelo con promesas bíblicas para familias.