En el cuarto aniversario de la invasión rusa a Ucrania iniciada el 24 de febrero de 2022 por orden de Vladimir Putin, el conflicto deja saldo devastador humano, material y ambiental: millones de desplazados, miles de víctimas civiles y destrucción masiva de infraestructura.
La huella de carbono es alarmante con 311 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, cifra que supera emisiones anuales de países industrializados y agrava la crisis climática global. Las emisiones provienen principalmente de operaciones militares como combustible para tanques, aviones y vehículos, explosivos, municiones, además de incendios forestales por bombardeos que arrasaron miles de hectáreas de bosques y reservas naturales en Ucrania, liberando carbono acumulado y afectando gravemente la biodiversidad.
Otro impacto crítico es la destrucción de infraestructuras como la represa de Cajopca colapsada en 2023, que agravó la crisis hídrica y dañó ecosistemas en el sur de Ucrania. La contaminación del suelo por metales pesados y restos de armamento afectará por años la producción agrícola y la calidad del agua.
La reconstrucción futura de ciudades, hospitales y carreteras generará nuevas emisiones por producción de cemento y acero, extendiendo la huella climática del conflicto incluso después de cesados los combates. Expertos lo califican como ecocidio en el corazón de Europa, con efectos por generaciones.