Blasfemia contra el Espíritu Santo es imperdonable según Jesús, distinta de pecados contra el Hijo del Hombre que se perdonan con arrepentimiento. Pastor Cinalli detalla pecados bíblicos graves como idolatría y homicidios que Dios perdona si se confiesan.
Fariseos no niegan milagros irrefutables de Jesús expulsando demonios de ciego y mudo, inicio del reino mesiánico, pero atribuyen poder a Beelzebú, príncipe de demonios, llamando malo lo bueno, impuro al Espíritu Santo. Pecado premeditado, con confianza manifiesta y desafiante, culminación de rechazo a Cristo.
En ley de Moisés, no hay sacrificios para pecados deliberados y a propósito, como en Números 15; ejemplo de Elí y sus hijos, sacerdotes que pecaban sabiéndolo, pecados no perdonados. Fariseos sabían que Jesús era Mesías por profecías y milagros, pero lo rechazaron por poder político-económico.
Blasfemia resulta de progreso gradual: entristecer Espíritu, resistirlo, apagarlo; rechazo permanente impide gracia. Si aún contrista y empuja al arrepentimiento, hay tiempo; rechazarlo petrifica en rebeldía. Marcos lo llama pecado de consecuencias eternas, Juan de muerte, Mateo imperdonable en este siglo y venidero.
Advertencia: no endurecer corazón si se oye voz del Espíritu; cuidado con rechazar guía a Jesucristo, o no hay más gracia si se muere en incredulidad. Dios perdona todo menos rechazo obstinado.