En el Sahara, al norte de África, las rutas de contrabando transportan comida, cigarrillos, gasolina, cocaína, oro y migrantes hacia Europa. Cada año, decenas de miles cruzan el desierto desde Níger por Libia hasta el Mediterráneo, enfrentando riesgos mortales como mala agua, comida y economía precaria. Europa observa estos movimientos con preocupación, convirtiendo la región en foco de su política migratoria. Esta zona fronteriza remota e inestable está dominada por bandidos y traficantes, donde los migrantes, muchos de Nigeria, esperan en guetos hasta formar grupos para el viaje. Nigeria, rica en petróleo pero plagada de corrupción y falta de oportunidades, impulsa a jóvenes educados a arriesgarlo todo por un futuro mejor.
La ruta principal del Mediterráneo Central, desde Túnez y Libia hacia Italia, representa un tercio de los 170.000 cruces irregulares en 2025 según Frontex. Desde el golpe militar en Níger en 2023, la Junta ha despenalizado el tráfico de migrantes, permitiendo viajes por carreteras oficiales, aunque aún hay desvíos por rutas ocultas para evadir controles y campos minados. La Unión Europea presionó en 2015 con una ley antitráfico en Níger, ligada a fondos de ayuda, reduciendo los viajes de 300.000 en 2016 a 33.000 en 2017, celebrada por Antonio Tajani. Sin embargo, esto impulsó la clandestinidad, con conductores viajando de noche y rutas invisibles, afectando la economía de Agadez.
Las Naciones Unidas documentan más de 7.000 desaparecidos y muertos en el Sahara desde 2014, con la cifra real posiblemente 10 veces mayor en un desierto del tamaño de dos veces la UE, donde el control estatal es débil. Los migrantes enfrentan sobornos en retenes, asaltos de bandidos que roban todo y los abandonan, y viajes brutales en camionetas abarrotadas. En un convoy escoltado por el ejército, el grupo se separa para atajos más seguros hacia Seguedín, pero sufren un ataque donde les quitan cámaras, teléfonos y pertenencias, insultándolos y golpeando al chofer. Emotivos testimonios de migrantes como Cristian, David y Hadoum destacan la desesperación por la pobreza, corrupción y falta de agua en África, arriesgando la vida para mejorar la de sus familias.
El viaje continúa en condiciones extremas, con miedo constante a bandidos y rebeldes que dominan zonas sin ley. Tras el asalto, un camión los rescata, pero el sufrimiento persiste, subrayando cómo el Sahara se convierte en un cementerio para miles en busca del sueño europeo, mientras políticas de la UE y cambios en Níger alteran pero no eliminan estos peligros mortales.