La zona lacustre del suroriente de Ciudad de México, especialmente Xochimilco, enfrenta contaminación severa que ha diezmado la población del ajolote, un anfibio emblemático en peligro crítico de extinción. Para los mexicas, era el dios perro; hoy, su sonrisa cautivadora alerta sobre la degradación ambiental. La UNAM lanzó en 2023 la campaña Adopta un Ajolote para recaudar fondos, crear refugios y restaurar canales, con resultados evidentes en tres años: de 6.000 individuos por kilómetro cuadrado hace 20 años, ahora solo quedan 36 debido a peces invasores y contaminación.
La bióloga Vivian ha estudiado la especie desde el lanzamiento de la campaña, destacando su rol como organismo bandera que indica la salud de Xochimilco. El ajolote, depredador tope, controla plagas en canales y chinampas, pero su disminución revela un ecosistema contaminado. La UNAM enseña prácticas agrícolas sostenibles a chinamperos e introduce biofiltros para proteger el hábitat, junto con refugios como Chinampa Refugio donde reintroducir ejemplares.
Productores como Crescencio se sumaron al proyecto, aplicando abonos naturales y evitando pesticidas pese a los costos y bajos precios de hortalizas. La campaña ha recaudado 400 mil dólares desde 2022, con donativos de EE.UU., incluyendo opciones como 'invitar a cenar a un ajolote' por menos de 10 dólares. Monitoreos mensuales muestran mejoría en la calidad del agua, mayor diversidad de invertebrados, insectos, larvas y peces endémicos.
Juan, un joven chinampero, convirtió su islote en refugio al entender el valor cultural del ajolote desde niño, combinando saberes ancestrales con técnicas modernas como cintas de riego y bioinsumos para enfrentar eventos climáticos. Para la cultura prehispánica, la extinción del ajolote significaba el fin de la humanidad, un augurio evitado por proyectos de la UNAM que usan esta especie carismática como símbolo para preservar el ecosistema único. Vivian se inspiró en un documental infantil para estudiar biología y unirse a la causa.