En medio de vuelos cortos abarrotados y contaminantes, surge una alternativa ecológica: los trenes nocturnos que permiten viajar de noche respetando el clima. Sin embargo, son caros, incómodos y cada vez menos conexiones, aunque hay esperanza en innovaciones y protestas ciudadanas.
Manifestantes vestidos en pijama con pancartas y peluches protestan en 12 estaciones europeas, desde Berlín hasta Helsinki, Amsterdam y Lisboa, exigiendo más trenes nocturnos. Destacan el ambiente acogedor en compartimentos, como el de mujeres con historias compartidas, y el bajo impacto ambiental comparado con volar. Demandan conexiones ampliadas a España, Grecia y Balcanes, pero Europa reduce su red, cerrando rutas como París-Berlín-Viena en 2023 por recortes de subvenciones, y la Estocolmo-Berlín pende de un hilo.
Operadores privados intentan rescatar rutas sin subsidios, pero enfrentan desafíos de rentabilidad. En un taller berlinés, la startup de Anton Dubrau y Hendrik diseña minicabinas individuales convertibles en cama, con ventana, mesa desplegable y espacio optimizado para pies y rodillas, evitando claustrofobia. Ya en su séptima versión tras maquetas de cartón, estas cabinas duplicarían la capacidad de 340 a casi 700 pasajeros por trayecto, haciendo los trenes más eficientes y atractivos para viajes diurnos o nocturnos.
Pruebas muestran comodidad superior a vagones tradicionales de seis plazas, con opciones business para más espacio. El reto es ahorrar espacio para mayor rentabilidad, prometiendo un futuro donde viajar en tren nocturno sea accesible, sostenible y placentero, respondiendo a la demanda pública por opciones verdes en Europa.