La polémica por el casamiento de una pareja trans en una parroquia de Corrientes, ocurrido a fines de enero, continúa generando revuelo. El Arzobispado aclaró que no se trató de un matrimonio sacramental válido según la doctrina católica, ya que las normas de la Iglesia exigen heterosexualidad y capacidad reproductiva para el sacramento. El sacerdote involucrado, de la congregación de los frailes capuchinos, fue invitado a tomarse unas vacaciones para bajar la tensión, aunque no fue echado formalmente.
El debate en el programa destaca la apertura del Papa Francisco hacia personas trans y homosexuales, recordando sus encuentros en el Vaticano y su apoyo a la hermana Mónica Atorga en Neuquén, quien asiste a mujeres trans en situación de prostitución para su reinserción laboral. Jorge Bergoglio, como arzobispo de Buenos Aires y luego como pontífice, alentó esta obra, mostrando un avance revolucionario en el acompañamiento a estas personas más allá de su orientación sexual.
Sin embargo, los panelistas discuten la rigidez de las normas religiosas: una visión critica la pérdida de fieles por rechazar sacramentos a parejas creyentes en tiempos de cambios sociales, cuestionando por qué la Iglesia es tan rígida cuando el sacramento del matrimonio no existía en los primeros siglos del catolicismo. Se menciona el relativismo moral actual y la comparación con evangélicos, que han multiplicado iglesias al cambiar doctrinas, mientras la Iglesia Católica se mantiene fiel a sus principios, aunque Francisco ha impulsado avances en temas homosexuales.
El caso particular de esta pareja, una mujer trans y un hombre trans en vínculo heterosexual, abre preguntas sobre capacidad reproductiva, ya que un hombre trans podría embarazarse, similar a matrimonios infértiles heterosexuales. Se enfatiza que no se niega el amor ni la dignidad, sino el acceso al sacramento por no cumplir condiciones, y se respeta la doctrina sin traicionarla, aunque genera polémica por el equilibrio entre persona y normas.
El Arzobispado evitó detalles por privacidad, y el sacerdote desapareció temporalmente. El debate concluye reconociendo tiempos de cambio, pero defendiendo que las religiones, incluida la católica como la menos severa, no pueden abandonar su identidad doctrinal para no desdibujarse.