El presidente iraní Masoud Pezeshkian rechazó ceder ante la presión nuclear de Estados Unidos, declarando en un homenaje al equipo paralímpico: "no nos doblegaremos ante ninguna de estas dificultades, las potencias mundiales se alinean con cobardía para obligarnos a doblegarnos". Comparó la resiliencia de los atletas con la postura nacional de Irán frente a las presiones. En medio de negociaciones indirectas por un nuevo pacto nuclear, Irán probó el misil Sayyad 3G durante ejercicios con Rusia en el estrecho de Hormuz.
Estados Unidos reforzó su presencia militar cerca de Irán, con el despliegue más grande desde la invasión a Irak en 2003, eclipsando las conversaciones diplomáticas. El expresidente Donald Trump advirtió a la República Islámica de llegar a un acuerdo o enfrentar consecuencias, admitiendo considerar un ataque militar limitado para presionar a Teherán. Aviones de combate F-35 se estacionaron en bases en Jordania, Portugal y Bulgaria, mientras países del Golfo temen represalias iraníes.
Irán advirtió que las bases estadounidenses serían objetivos legítimos en caso de ataque, y analistas señalan que Teherán sobreestima sus capacidades con su arsenal de misiles balísticos. Israel, aliado de Washington, amenazó con respuesta si es golpeado. Ante la tensión, Suecia y Serbia instaron a sus ciudadanos a abandonar Irán inmediatamente, destacando la inestabilidad y limitaciones para evacuaciones. Polonia, liderada por premier Donald Tusk, y Alemania reiteraron advertencias de viaje desde 2022 por represión violenta y riesgos de crisis agravada.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia, a través de la ministra María Stenadgard, enfatizó la urgencia con rutas aéreas aún disponibles, advirtiendo que quienes queden lo harán bajo su responsabilidad. Desde Belgrado, se mencionó la escalada de tensión y posible empeoramiento de la seguridad. Muchos países europeos repiten estas recomendaciones, preocupando a la región por un posible conflicto militar inminente.