En vísperas del cuarto aniversario de la invasión rusa a Ucrania, que ha causado un pendal de muertes y crueldad espantosa como bombardeos a usinas para dejar a civiles sin calefacción en invierno, se destaca la solidaridad con una monja tucumana, Lucía Caram, trasladada a España por su congregación de Dominicas. Hablamos de los civiles, las mujeres, los ancianos, los niños. Una crueldad espantosa. ¿Cómo es la guerra? Y todavía no se avizora una salida, siquiera una tregua. Pero en medio de tanto dolor, emergen los gestos solidarios, la cara tan linda de la humanidad, la mano tendida.
Lucía Caram, famosa por obras solidarias y presencia en redes, dejó el claustro para ayudar indigentes. En el claustro que sobraba lugar en el convento, empezó a habilitar zonas para atender indigentes, refugios. Una obra fantástica. Cuando llega la guerra, ni bien empieza y dice, no, tengo que hacer algo. Ella tenía y tiene una fundación Santa Clara con muchos colaboradores. Se fue a Ucrania. A los heridos, a la gente tendida, el clamor era: Queremos ambulancias. Necesitamos, porque es lo que nos separa la vida de la muerte. Abrió un corredor humanitario, llevando heridos, incluso atendiendo en Barcelona. Empezó a conseguir donaciones y llevar ambulancias. ¿Sabe cuántos envíos ha hecho? Más de 40. El viernes llevó el envío número 42, con 21 vehículos, la mayoría ambulancias. Ha llevado casi 200 ambulancias a Ucrania. Es increíble cómo ha logrado el apoyo de sectores públicos y privados.
El viernes, la caravana partió del atrio de las escalinatas de la iglesia de la Sagrada Familia, la de Gaudí, que ese día se convirtió en el templo católico más alto del mundo con la cruz en la torre más alta. Con presencia del alcalde, el arzobispo de Barcelona, el Cardenal Omella, y un mensaje de apoyo del Papa Francisco, quien le envió dinero para comprar ambulancias porque estaba muy preocupado por esa martirizada Ucrania. Lucía dice: él me alentaba y me apoyaba. Aquí es un homenaje no sólo a los que han caído en el frente, sino también a la población civil, a los ucranianos y extranjeros que han perdido la vida en esta invasión, en este avasallamiento, en esta guerra cruel y cruenta. Si hay algo que no tiene perdón, es matar la vida de gente tan joven, que tenían el fuego en el corazón, la ilusión. Ellos han dado la vida por su país.
¿Qué hacemos nosotros por la vida de los otros? Ahí está la interpelación de ella, porque le preocupa que el mundo nos estemos acostumbrando a este horror, naturalizando el horror. Alguien dirá, ¿qué podemos hacer? Por lo menos los creyentes, podemos rezar por la paz, pero no olvidarnos de este horror, no naturalizarnos. Ella dice, yo voy a seguir adelante con todo esto en la medida en que sea necesario. Vamos a seguir trabajando. Realmente es un testimonio de la hermana Lucía Caram, que tiene una obra solidaria enorme, ahora centrada en todo esto. Y cada vida cuenta, aunque salvaran solo uno, cada vida cuenta. Por eso hemos hecho tantos kilómetros llevando esperanza.
El futuro de Ucrania está marcado porque han perdido generaciones por la cantidad de gente que ha muerto en la guerra y que han quedado mutilados. Una ambulancia salva vidas, salva vidas porque en el frente pueden ponerse un torniquete y tener esperanza. Pero la ambulancia es vida, es esperanza y sobre todo para los chicos los primeros días de la guerra era esencial, era el clamor, ambulancias. Tienen un valor que yo no sabía que lo tenían y ahora por eso pido, suplico ambulancias porque son vidas y porque para mí las vidas que se han salvado tienen rostro, tienen nombre y tienen el eco del clamor de aquellos que lo pedían con confianza y como si fuera una oración profunda. Ayudarnos a salvar a nuestros compañeros. La guerra tiene la cara horrenda, espantosa y por el otro lado estas actitudes que nos confortan. Evidentemente no pueden tapar todo el horror, muy por el contrario, es ponerlo sobre la mesa. Pero nos devuelven un poco la esperanza, dentro de tanta crueldad, esta invasión rusa de Putin, que es tremenda. Lucía Caram, esta monja tucumana, inicialmente de clausura, que dijo mi claustro es el mundo, salió a hacer obras y ahora está dando esta respuesta tan magnífica. Es una argentina que recibió el gran apoyo de otro argentino, el Papa Francisco, para tenderle la mano a la gente que sufre. Esto, en medio de tanto dolor, nos reconforta. Gracias Lucía, gracias a vos y gracias a toda la gente que te acompaña, esos voluntarios que van conduciendo, nos reconcilian con el mundo.