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Mayra Mendoza muestra compasión selectiva con cierre de FATE mientras empresario Javier Madanes Quintanilla desecha a 920 trabajadores en medio de desalojo y debate sobre modelos económicos en pugna

Centro Derecha · discusión · crítico

El panel critica la compasión selectiva de la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, quien tuiteó sobre el cierre de la fábrica de neumáticos FATE, lamentando 920 desocupados como víctimas de la crueldad del gobierno de Milei, afectando casi mil familias en vísperas de clases. Se ironiza su empatía, contrastándola con la realidad en Quilmes: empleados municipales cobran sueldos bajos, como 459 mil pesos para barrenderos y 700 mil para cargos medios, mientras la intendenta presume de aumentos que no llegan a la inflación. El debate resalta dos modelos en pugna: el proteccionista que benefició a industriales como Madanes Quintanilla y el de apertura de mercado del gobierno actual.

Se profundiza en la figura de Javier Madanes Quintanilla, empresario dueño de FATE y Aluar, parte de las 20 fortunas de Argentina según Forbes, quien acumuló riqueza legalmente gracias al esfuerzo de sus trabajadores durante décadas. El panel lo acusa de tirar a los 920 laburantes por la ventana ante la primera crisis, cerrando la fábrica con un cartel y carta documento, culpando exclusivamente al gobierno de Milei sin asumir responsabilidad. Se cuestiona su falta de reconversión: ¿por qué no adaptar la planta para otros usos o dialogar con empleados, dada su experiencia en múltiples sectores como energía?

El análisis revela el oportunismo de Madanes, quien prosperó bajo gobiernos peronistas como los de Néstor y Cristina Kirchner, Alberto Fernández y el régimen proteccionista que limitaba importaciones de China, permitiendo precios altos para neumáticos mientras trabajadores de FATE ganaban sueldos míseros, como en protestas en Subnación. Bajo Mauricio Macri y ahora Milei, enfrenta problemas y anuncia cierre, contrastando con su crecimiento en modelos subsidiados por el Estado. El panel defiende la nueva lógica de mercado abierto, priorizando servicios y conocimiento sobre industria tradicional prebendaria, aunque antipática para los afectados.

Testimonios de trabajadores como Walter destacan el impacto humano: padres de familia con hijas adolescentes, sostén del hogar, queriendo que sus hijos no terminen en fábricas, enfrentando la dura realidad de despidos. El debate enfatiza que culpar siempre a gobiernos es fácil para empresarios acostumbrados a salvatajes estatales, ignorando la necesidad de adaptación ante cambios como la inteligencia artificial en otras profesiones. Se ironiza que sin subsidios, estos industriales prefieren echar culpas en lugar de innovar.