El agresor, consciente y planificador, comparte patrones con otros femicidios como el de la urta que mató a una madre, instalándose cerca para acechar. No hubo emoción violenta; cada puñalada fue una corrección deliberada. Al llegar a la comisaría, Díaz admitió estar consciente de sus actos, respondiendo "sí" cuando le preguntaron si sabía lo que hizo, desmintiendo cualquier alteración psíquica.
Araceli, testigo clave, salvó su vida de milagro al ser empujada por Díaz, quien la amenazó mientras Daniela gritaba "ayúdame que me muero, por favor, ayúdame, salvame la vida". El video muestra a Daniela huyendo escaleras abajo, escondiéndose detrás de una pileta, con Díaz acechándola cuchillo en mano, regodeándose. Araceli salió a contenerla, alertando a vecinos que intervinieron crucialmente.
La familia, unida en duelo, recibe asistencia psicológica de la municipalidad de San Martín y busca justicia total, rechazando el concepto de crimen pasional. Mariela enfatiza la premeditación, el dominio y la alevosía, demandando agravantes por violencia de género. Los dueños de la casa actuaron heroicamente al bajar y detener al agresor.