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Escándalo de Jeffrey Epstein sacude al príncipe Andrés y poderosos del mundo

Centro Izquierda · intercambio · ataque

El escándalo de Jeffrey Epstein irrumpe con fuerza al desclasificarse archivos secretos del gobierno de Estados Unidos, revelando una red de trata, poder y silencio que manipuló sistemas enteros durante años. Decenas de nombres influyentes aparecen en los documentos, pero lo más oscuro permanece oculto, con Epstein llevando a celebridades, políticos y empresarios a su isla privada en el Caribe donde jovencitas sometidas esperaban en un infierno atroz. La red se extendía a Nueva York, Los Ángeles y Palm Beach, donde el monstruo y su cómplice Ghislaine Maxwell reclutaban a chicas vulnerables bajo promesas falsas de modelaje y oportunidades.

Epstein, un depredador que se jactaba de conexiones con inteligencia como el Mossad, comenzó su ascenso trabajando con multimillonarios como Adnan Khashoggi, involucrado en escándalos de armas con Reagan, y luego con Leslie Wexner, quien le dio poder total sobre su fortuna de 8.000 millones de dólares y propiedades como la mansión de Manhattan valuada en 70 millones. Junto a Maxwell, hija del estafador Robert Maxwell, armaron un esquema Ponzi con Stephen Hoffenberg que defraudó mil millones, pero Epstein siempre escapó impune. Viajaba a Arabia Saudita e Irán, usaba pasaportes falsos y recolectaba información comprometedora para chantajear a poderosos como Donald Trump, Bill Clinton y el príncipe Andrés.

Los abusos empezaron en 1991 en Nueva York, atrayendo menores con falsas ofertas de Victoria's Secret. Tiffany, reclutadora por nueve años, y Jane Doe, abusada a los 13 años, testificaron el sistema diabólico: masajes que viraban a violaciones, amenazas de represalias y una red de chicas de familias rotas. María Farmer denunció en 1996 tras ser agredida por Epstein y Maxwell en su mansión llena de cámaras espía, pero el FBI enterró la queja. En Palm Beach, cerca de Mar-a-Lago, la red se expandió con reclutadoras en escuelas pobres ofreciendo 200 dólares por masajes que terminaban en horror, incluyendo trillizas francesas de 12 años como regalo.

En 2005, una víctima alertó a la policía, que tras un año de investigación encontró 34 víctimas menores, fotos, libros sádicos y testimonios de masajes diarios. El jefe Michael Reiter escaló al FBI, pero el fiscal Barry Krischer y luego Alex Acosta cedieron a presiones: Epstein se declaró culpable solo de prostitución menor, con inmunidad total, ignorando cargos por abuso a menores. Acosta, después ministro de Trump, admitió que le advirtieron de lazos de Epstein con inteligencia. Vicky Ward's investigación en Vanity Fair fue censurada por presión de Epstein, eliminando testimonios de las Farmer.

Este infierno de impunidad expone cómo el poder protege a monstruos como Epstein, destruyendo vidas de vulnerables mientras él y sus aliados disfrutaban de jets, yates y silencio cómplice de gobiernos y élites.