La edición 39 de la Cumbre de la Unión Africana en Addis Abeba, Etiopía, se centró en inseguridad, conflictos e injerencias externas, como la rivalidad entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos en Yemen y África, y la guerra en Sudán que cumple tres años con bandos respaldados por Abu Dhabi y Riyad. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, pidió alto al fuego inmediato, calificando la masacre en Sudán como intolerable en el siglo XXI, y trabajó con la UA para presionar por paz.
El foco incluyó la lucha entre el ejército y el M23 en la República Democrática del Congo, provocando crisis humanitaria, y efectos del cambio climático, instando a contaminadores como Estados Unidos y China a apoyar a África. La UA enfrenta cuestionamientos por su falta de eficacia en prevenir guerras, frenando desarrollo y comercio, con llamados a asientos permanentes africanos en el Consejo de Seguridad de la ONU, calificando su ausencia como indefendible en 2026.
Coincidiendo con la cumbre, Italia-África vio a Giorgia Meloni apoyar suspensión de deudas para desarrollo y abordar causas de migración. La conferencia calificó la colonización como crimen contra la humanidad y expresó solidaridad con Palestina. Entrevista a Jesús Romero Cote destaca críticas al principio de soberanía que obstaculiza sanciones por violaciones de derechos humanos, mutando en parálisis por perpetuación de líderes.
En conflictos como Sudán y Congo, la UA es excluida de mediaciones lideradas por Egipto, EE.UU., Arabia Saudí y Qatar, mostrando falta de fuerza política. Suspensiones por golpes en Burkina Faso, Mali y Níger son formalidades sin consecuencias reales, sin forzar transiciones a democracia, interactuando con juntas militares que se alargan.