Los comerciantes de varios bazares en Teherán cerraron sus tiendas y se declararon en huelga por la inflación que supera el 50%, impidiéndoles importar y vender. Ali, uno de los participantes, relató la desesperación: no se podía vender nada, y las manifestaciones fueron reprimidas con extrema dureza desde las primeras horas, con fuerzas especiales llegando masivamente como cucarachas a concentraciones simples frente al mercado de teléfonos móviles. Ese día, Ali Khamenei ordenó la represión, resultando en masacres como la de Malek Shani donde Rubina fue asesinada y su madre tuvo que robar su cuerpo para huir, sosteniéndolo durante el trayecto a Kermanshah sin soltarlo nunca.
Testimonios gráficos describen ráfagas de disparos desde motocicletas apuntando a cabezas y torsos superiores, con 12 personas cayendo en charcos de sangre frente a testigos, incluyendo un padre que perdió a sus tres hijos de 17, 20 y 23 años. Vehículos con ametralladoras tipo Tushka arrasaban calles como frentes de guerra, rematando heridos sin distinción de edad o género, dejando calles inundadas de sangre. La milicia Basij fue movilizada por un predicador cercano a Khamenei para intimidar, mientras millones salían a las calles esa noche del 9 de enero pese al terror.
La ONG Human Rights Activist in Iran recopiló miles de evidencias: videos, fotos, informes médicos mostrando ejecuciones deliberadas con balas en frentes, niños mutilados, francotiradores cegando ojos y uso de armamento militar. Un video filtrado reveló 400 bolsas mortuorias en la morgue de Karisak, con familias buscando entre cientos de cuerpos; se obligaba a pagar 400-500 euros por bala y firmar confesiones falsas de que las víctimas eran basijíes o terroristas. Khamenei reapareció amenazando sin concesiones, mientras cementerios como Beheshteh Zahra e Isfahan excavaban áreas masivas para 6.800 muertes verificadas, elevándose a más de 11.000 fallecidos, 11.000 heridos graves y 50.000 detenciones arbitrarias.
Cuando internet regresó, mensajes cortos reflejaban shock y paranoia: gente deprimida, furiosa, borrando evidencias por miedo, cuestionando si volverían a reír tras la devastación. El régimen cortó servicios para ocultar la masacre, apagando luces y redes. Finalmente, medios estatales reivindicaron 3 millones en una contramanifestación pro-régimen el 12 de enero, pero herramientas de fuente abierta desmienten la cifra como falsa, exponiendo la propaganda ante las protestas que costaron miles de vidas.