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Caos narco en Puerto Vallarta genera bloqueos incendios y liberación de presos de máxima peligrosidad

Centro Izquierda · discusión · crítico

En Puerto Vallarta, al lado del Pacífico mexicano, el caos se desató con narcobloqueos que paralizaron la ciudad: columnas de humo negro por todos lados, vehículos y colectivos incendiados, calles bloqueadas como en una zona de guerra. Civiles, policías y miembros de la Guardia Nacional murieron en los enfrentamientos, mientras los narcos obligaban a la gente a bajar de sus autos bajo amenaza de fuego. El corresponsal Martín Ruppel describe la impunidad total, con escasa presencia policial inicial, y negocios y vehículos particulares prendidos fuego en represalia por la captura de un capo narco en Jalisco. Videos falsos e inteligencia artificial circularon en redes sociales para sembrar más pánico, incluyendo imágenes de aviones incendiados que no ocurrieron, y el aeropuerto de Puerto Vallarta opera con normalidad pese a momentos de confusión y corridas de pasajeros.

La situación se extendió a ocho estados mexicanos, con bloqueos y balaceras en Jalisco, Michoacán, Colima, Tamaulipas, Guanajuato, Aguascalientes y otros, transformando zonas antes tranquilas en escenarios de guerra. Ruppel, viviendo allí desde hace un año y medio, relata cómo Puerto Vallarta era la segunda ciudad más segura de México, con relativa paz narco, atractivos turísticos como playas, ballenas y selva, popular entre norteamericanos. Ahora, en plena temporada alta, el turismo se ve arrasado: vuelos cancelados, alerta del gobierno de EE.UU., y turistas paralizados en hoteles, esperando poder salir. La ciudadanía muestra temor y preocupación por la integridad física y económica, con reclamos por la falta de preparación gubernamental ante la represalia narco.

La presidenta Claudia Sheinbaum posteó en X reconociendo el operativo del Ejército Mexicano y Guardia Nacional que derivó en los bloqueos, enfatizando coordinación con estados y llamando a la calma, aunque minimiza el impacto al decir que la mayoría del territorio opera con normalidad. Ruppel y locales esperan mayor respuesta estatal, como presencia militar o conferencia de prensa, mientras columnas de humo persisten levemente y encapuchados actúan con total impunidad, frenando vehículos, obligando descensos y incendiándolos para cortar accesos y sembrar terror. El código rojo indica máxima tensión social, y la embajadas de EE.UU. y España recomiendan quedarse resguardados.

Antes de la captura del capo, Puerto Vallarta se vivía con tranquilidad extrema, permitiendo caminatas nocturnas seguras en el sector céntrico, diferenciándose de otros estados violentos. La colectividad argentina es pequeña pero creciente, atraída por la publicidad y bellezas como la Bahía de Banderas. Ruppel destaca el poder histórico del narco en México, pero la calma relativa en Jalisco se rompió, dejando una ciudad turística exótica ahora bajo amenaza.