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Caos narco en Puerto Vallarta genera bloqueos incendios y liberación de presos de máxima peligrosidad

Centro Izquierda · discusión · crítico

En Puerto Vallarta, al lado del Pacífico mexicano, el caos se desató con narcobloqueos que paralizaron la ciudad: columnas de humo negro por todos lados, vehículos y colectivos incendiados, calles bloqueadas como en una zona de guerra. Civiles, policías y miembros de la Guardia Nacional murieron en los enfrentamientos, mientras los narcos obligaban a la gente a bajar de sus autos bajo amenaza de fuego. El corresponsal Martín Ruppel describe la impunidad total, con escasa presencia policial o federal, y comercios como OXXO y farmacias ardiendo sin que nadie los apague.

El gobernador de Jalisco activó el código rojo, pidiendo a la ciudadanía resguardarse en casas, hoteles o condominios, similar a un estado de emergencia. Estados Unidos emitió una alerta urgente a sus ciudadanos en Puerto Vallarta, Guadalajara y Chapala, recomendando no salir por el peligro inminente. Ruppel muestra una vista panorámica desde Alta Vista: la ciudad parece calmada ahora, pero hace horas era un infierno de humos y pánico, con todos en balcones mirando el desastre en plena temporada alta turística.

Se reporta un golpe comando en una cárcel que liberó a presos de máxima peligrosidad –asesinos, violadores y miembros del crimen organizado– vistos corriendo por las rutas. Redes sociales bullen con videos de desesperación, corridas y llantos, pero también fake news como aviones incendiados o edificios en llamas generados por IA. El aeropuerto de Puerto Vallarta sufrió pánico con gente huyendo a la pista, aunque opera con filtros; el impacto en el turismo es devastador, arruinando la economía local llena de dólares norteamericanos.

Ruppel critica la imprevisión del gobierno mexicano tras eliminar a un capo narco clave, posiblemente de Jalisco Nueva Generación, lo que desató esta represalia masiva sin respuesta adecuada. La gente siente temor por su seguridad en una ciudad antes segura –segunda más pacífica de México–, con preocupación por la integridad física y el negocio turístico. En un año y medio viviendo allí, Ruppel nunca vio algo así, y locales de 30 años confirman que es inédito, aunque el narco siempre acechó con relativa paz.