Giselle Rímolo, conocida como Mónica Giselle Rímolo, sale de la cárcel con nueva pareja Diego y nuevo negocio: alquilar su casa en Don Torcuato, "Las Casurinas", para fiestas y eventos. La casa, antes con pileta verde y en mal estado, fue remodelada y ofrecida en Facebook Marketplace para 20-40 personas de 10 a 19 horas, sold out hasta el 7 de marzo por entre 300 y 500 mil pesos el día. Vecinos denuncian comportamiento no acorde al barrio, ruidos molestos y fiestas sin habilitación, lo que lleva a una denuncia de Erika, su ex empleada, por maltrato y deudas pendientes.
En la segunda detención, Rímolo entró sin el aire de diva de la primera vez, donde era tratada como reina con séquito, manicuras y extensiones que se caían en la ducha del módulo 6. Las internas la cobraron promesas incumplidas de manera brutal, un castigo espantoso que nadie merece. Al salir, no abrió centro de estética como se dijo, sino que se dedicó a revender cosméticos y pestañas postizas bajo nombre Mónica Gaiñedú, pese a 70 denuncias y la muerte de Lilian Díaz que la indignaba.
Rímolo se operó lipoescultura al salir de la cárcel, obsesionada por la estética pese a deudas y embargo en la casa por juicios pendientes. Erika confirma afecto inicial pero denuncia actual por la pareja violenta Diego, quien la maltrata y genera conflictos laborales. Intentan contactarla en vivo pero evade, furiosa por series como El Barro que usan su historia sin nombrarla, inspiradas en su vida con cambios de nombres para evitar pleitos.
Difícil reinsertarse laboralmente tras años presa, con espalda vuelta por su fama. Conflicto es laboral con Erika, no penal, pero genera escándalo. Hay plata escondida en algún lado para cirugías caras, y vecinos protestan por fiestas ruidosas en barrio residencial.