Giselle Rímolo, conocida como Mónica Giselle Rímolo, sale de la cárcel con nueva pareja Diego y nuevo negocio: alquilar su casa en Don Torcuato, "Las Casurinas", para fiestas y eventos. La casa, antes con pileta verde y en mal estado, fue remodelada y ofrecida en Facebook Marketplace para 20-40 personas de 10 a 19 horas, sold out hasta el 7 de marzo por entre 300 y 500 mil pesos el día. Vecinos denuncian comportamiento no acorde al barrio, ruidos molestos, música hasta altas horas y quejas por fiestas sin habilitación municipal.
Erika, ex-empleada de Giselle, denuncia maltrato y cooptación por parte de Diego, su pareja de tres años, con quien mantiene contacto con el ex-marido Juan Gaiñedú por cuentas congeladas y dinero de filtraciones como los Panama Papers, involucrando dos millones de dólares. Giselle sigue teniendo deudas y la casa está embargada, impidiéndole venderla. Se menciona traición de Gaiñedú, quien se fue con la secretaria durante su internación, quedándose con todo, mientras Giselle ahora alquila la casa de forma lucrativa sin inscribirla como salón de eventos, lo que podría acarrear multas y denuncias por falta de certificados de seguridad, bomberos y aislamiento sonoro.
En el programa, intentan contactar a Giselle al aire tras su mensaje "hola", pero la comunicación falla; se invita a salir al móvil. Se detalla su historial carcelario: tres ingresos, la última en 2017 tras confirmación de condena de nueve años por ejercicio ilegal de la medicina, sufriendo violencia en prisión, pasando por sistema Prisma y complejo Juana Azurduy. Anécdotas incluyen su entrada como diva en la primera detención, con extensiones y séquito, y maltrato en la segunda. No volvió a la medicina estética, vende cosméticos, ropa y accesorios, y se operó lipo al salir, sugiriendo acceso a dinero oculto pese a embargos y juicios pendientes por daños como la muerte de Lilian Díaz.
El debate cuestiona la legalidad del alquiler, responsabilidades en accidentes potenciales en fiestas sin habilitación, y la vulnerabilidad de Giselle al engancharse con Diego en un momento frágil post-cárcel. Erika reclama indemnización por trabajo en negro, sin denuncia formal. Se aclara que no hay denuncias contra Diego, pero hay sospechas de violencia y control. El tema gira en torno a dónde fue la "chorro de plata" de la clínica ilegal, posiblemente offshore, y la obsesión de Giselle por la estética pese a su situación precaria.