Noemí, quien convivió con Lucía Sosa en un hogar de menores, expresó que, a pesar de la violencia que presenció y sufrió, no se convirtió en una persona violenta.
Manifestó su deseo de justicia para los niños y cuestionó que, aunque Lucía tuviera problemas de salud mental, no justifica sus acciones.
Noemí también compartió su dura infancia, marcada por el maltrato de su propia madre y el abandono en un hogar de niños, pero recalcó que eso no la llevó a ser violenta.