La hepatitis B se transmite por vía sexual, sangre o fluidos corporales, y se previene con una vacuna que se aplica al nacer y en el calendario infantil. Para adultos en grupos de riesgo, también se recomienda la vacunación.
La hepatitis C se transmite principalmente por transfusiones de sangre no controladas y uso de jeringas compartidas. Si bien no existe vacuna, hay tratamientos efectivos con altas tasas de curación.
Las hepatitis D y E son menos comunes y no suelen derivar en cronicidad, cirrosis o cáncer hepático.