La tragedia natural más grave en Venezuela en los últimos 150 años, los terremotos del 24 de junio, han dejado un desastre humanitario con miles de fallecidos y desaparecidos.
A un mes del sismo, la fase de recuperación es dura, con necesidades psicológicas y de salud mental apremiantes. El plan humanitario preexistente se ha visto sobrecargado, sumando 1.4 millones de personas en vulnerabilidad.
A pesar de la devastación, persisten tendencias de optimismo económico, con posible llegada de inversiones y reactivación del aparato productivo. Políticamente, se ha acelerado el diálogo con Estados Unidos, confirmando reuniones entre asambleas legislativas para el 1 de agosto.