El señor Edwards busca hablar con el Reverendo Hale, lamentando sus acciones pasadas y aceptando parte de la culpa por el comportamiento misterioso que llevó a malinterpretaciones.
Ambos reconocen que sus intenciones eran protegerse mutuamente, aunque el resultado fue inesperado. El Reverendo Hale pide perdón, y Edwards lo concede, invitando a Isaías a conocer la nueva casa.
Se menciona que John y Almanzo Wilder ya deben estar en camino, listos para compartir sus aventuras, mientras se discute el punto de cocción de la comida.