El debate sobre la controversial canción de Migue Granados y el hijo de Roberto Pettinato se reaviva. Se reproduce la letra y se insiste en el repudio total por su contenido explícito y ofensivo, que abarca temas como drogas, sexo, violencia y discriminación.
Silvia Suller, reiterando su asombro, cuestiona las motivaciones de los artistas y la falta de regulación en el streaming. Se plantea la pregunta de si la canción fue un acto premeditado para generar controversia o una simple falta de escrúpulos, pero se coincide en que el contenido es inaceptable.
Se discute la responsabilidad de los creadores de contenido y la necesidad de límites éticos y morales, incluso en el marco de la democracia. Se enfatiza el impacto negativo que este tipo de material puede tener en audiencias jóvenes y la queja generalizada del público sobre la calidad de la televisión actual.